Me gusta recordar a través de las imágenes, me gusta volver a vivir, recordar para sentir. Observo el paso de los años, me observo en las fotografías para tratar de entenderme. Lo mejor de la vida es verla en retrospectiva.
Hablo con aquella persona impulsiva, y le pregunto -¿Qué es lo que te ha pasado?-. La respuesta es extensa, y al final no tengo nada que reclamarle, hemos vivido, y eso lo justifica todo. Desde algún lugar lejano me pregunta -¿Qué es lo que te ha pasado?-. Miro hacia algún punto fijo y me pierdo en los recuerdos, por respuesta escurre una lágrima por mi mejilla y luego otra y una más, las palabras no podrían explicarlo. Y vuelvo a escuchar su voz -¿Qué es lo que te ha pasado?-.
¿Cómo transmitir el tiempo? Quiero gritarle que fue su impulsividad la que me ha dejado así, no lo entendería. Le cuento todo lo que hemos perdido y todo lo que eso nos dejó. Siento su impotencia cuando me pide que sane, porque sabemos que quizá no podré hacerlo. Le hablo sobre lo irreparable, sobre el dolor verdadero, le platico de aquello que se siente solo una vez, me dice que eso es simplemente imposible, no acepta la incapacidad de amar, para ella fue tan fácil entregarlo todo.
La tomo de la mano y la llevo a este tiempo y este espacio para que entienda lo que ahora somos, y lo hace. Veo en sus ojos el arrepentimiento, ahora sabe que tan importante es aquello que regalo sin pensarlo.
Ahora sabemos que debimos guardarlo con mayor recelo.
Después de un rato sin decirnos nada, rompe el silencio con otra pregunta -¿Qué es lo que harás?-. Esta vez las lágrimas no son una respuesta, simplemente no puedo contenerlas. No sé cómo recuperar un sentimiento.
Hablo con aquella persona impulsiva, y le pregunto -¿Qué es lo que te ha pasado?-. La respuesta es extensa, y al final no tengo nada que reclamarle, hemos vivido, y eso lo justifica todo. Desde algún lugar lejano me pregunta -¿Qué es lo que te ha pasado?-. Miro hacia algún punto fijo y me pierdo en los recuerdos, por respuesta escurre una lágrima por mi mejilla y luego otra y una más, las palabras no podrían explicarlo. Y vuelvo a escuchar su voz -¿Qué es lo que te ha pasado?-.
¿Cómo transmitir el tiempo? Quiero gritarle que fue su impulsividad la que me ha dejado así, no lo entendería. Le cuento todo lo que hemos perdido y todo lo que eso nos dejó. Siento su impotencia cuando me pide que sane, porque sabemos que quizá no podré hacerlo. Le hablo sobre lo irreparable, sobre el dolor verdadero, le platico de aquello que se siente solo una vez, me dice que eso es simplemente imposible, no acepta la incapacidad de amar, para ella fue tan fácil entregarlo todo.
La tomo de la mano y la llevo a este tiempo y este espacio para que entienda lo que ahora somos, y lo hace. Veo en sus ojos el arrepentimiento, ahora sabe que tan importante es aquello que regalo sin pensarlo.
Ahora sabemos que debimos guardarlo con mayor recelo.
Después de un rato sin decirnos nada, rompe el silencio con otra pregunta -¿Qué es lo que harás?-. Esta vez las lágrimas no son una respuesta, simplemente no puedo contenerlas. No sé cómo recuperar un sentimiento.
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