jueves, 6 de octubre de 2022

El zorrito de nieve

Había una vez un zorrito pequeño y peludo que todos los días contemplaba con curiosidad y admiración las altas montañas nevadas que se erguían imponentes en el firmamento. El zorrito siempre se había preguntado que habría en la cima de las montañas, lo que más llamaba su atención era el manto níveo que las cubría permanentemente y se intensificaba en las estaciones frías. Desde pequeño el zorrito disfrutaba de jugar con la nieve y ver derretirse los copos tan perfectamente geométricos que caían suavemente sobre el valle.

Un día el zorrito estaba tomando agua del arroyo cuando se encontró con un vetusto sapo que se le quedó mirando fijamente por un largo rato y finalmente le dijo:

- Zorrito, me he dado cuenta de que todos los días antes de venir al arroyo a beber agua, te quedas mirando hacia las montañas.

- Es verdad Sapo, siempre he tenido curiosidad por conocer la cima de las montañas. 

- ¿Y por qué no vas hacia ellas?

- Tengo miedo, Sapo, todo lo que conozco está aquí en el valle. Es mi hogar. 

- El hogar está donde se encuentra tu corazón, tu hogar eres tú, Zorrito, a dónde sea que vayas encontrarás un hogar para ti. 

El zorrito se quedó pensando en las palabras del sapo, sentía en su pecho un latido que se intensificaba y reverberaba en todo su cuerpo. 

A los pocos días el zorrito despertó asustado por el ruido de los otros animales del valle, estaban huyendo juntos hacia la misma dirección, al voltear hacia el lugar del que venían observó unas prominentes llamas que devoraban el valle. Un incendio que probablemente había iniciado la tarde anterior había tomado fuerza y sofocaba todo a su alrededor. 

El zorrito asustado huyó rápidamente y sin pensarlo corrió hacia las montañas. En medio del cansancio y el temor, no supo en qué momento encontró refugio en una pequeña cueva al pie de una montaña y se quedó dormido. 

Al despertar y recordar lo que había sucedido durante la noche, se sintió profundamente triste. Tomo fuerzas para subir un poco siguiendo un sendero en la montaña, buscando un lugar desde el que pudiera mirar hacia el valle. 

Al encontrar un mirador se acercó y se asomó, su tristeza se volvió tan grande que sintió un vuelco en su pecho, el valle se había quemado por completo, el hogar que había tenido durante años había dejado de existir. 

El zorrito lloró un largo rato hasta que se quedó dormido nuevamente.

Al despertar sentía un hueco en su pecho, pero luego de un instante comenzó a escuchar un leve y ligero ‘tum tum tum’, era el latido de su corazón, entonces recordó las palabras del sapo “el hogar está donde se encuentra tu corazón”, miró a su alrededor fijando su atención en el sendero que subía la montaña. 

- Quizá es momento de buscar un nuevo hogar, antes tenía miedo a dejar atrás lo conocido, pero ahora todo lo que conocí no existe más – se dijo. 

Agudizó su oído buscando el susurro del agua pues se había dado cuenta de que tenía mucha sed y comenzó a andar. Se dio cuenta de que el arroyo bajaba a la par del sendero que subía y una vez saciada la sed comenzó a transitar el camino que marcaban los latidos de su corazón. 

El zorrito disfrutó durante meses descubriendo los secretos y espacios sagrados de la montaña, subiendo lentamente, conociendo a los animales que la habitaban, su vegetación, sus sonidos, sus días cálidos y sus noches templadas.

Hasta que un día comenzó a hacer más frío del habitual, el zorrito se percató de que el tiempo había avanzado hacia la temporada fría y que, a la vez, él había subido ya un largo tramo, la vida y la vegetación habían comenzado a disminuir a esa altura de la montaña y por las noches el frío comenzaba a calar en su piel, su pelaje se había vuelto más abundante y denso, pero no era suficiente para mantener el frío a raya.

Pasaron los días y el frío se fue intensificando, a medida que subía encontraba menos animales con los que platicar y la comida se volvía cada vez más escasa. 

El zorrito se dio cuenta de que estaba enflacando y perdiendo fuerza, el frío y el hambre comenzaban a hacer estragos en su cuerpo y su vitalidad. 

Un día el zorrito caminaba tratando de recordar cuándo fue la última vez que había hablado con otro animal, también había olvidado cómo se sentía el calor en sus huesos, pues, aunque había días soleados, el paisaje estaba cubierto de nieve y el frío absorbía de inmediato el calor de los rayos del sol. 

El zorrito estaba ensimismado en sus pensamientos cuando se topó de frente con un muñeco de nieve. Parpadeó dos veces antes de comprender lo que estaba mirando y se quedó observando al muñeco de arriba abajo sin moverse. 

- Zorrito, ¿qué es lo que estás haciendo aquí?

- Siempre quise conocer la cima de las montañas y he caminado durante mucho tiempo para llegar hasta aquí, siento que me falta poco para llegar hasta la parte más alta.

- Pero Zorrito, no puedes llegar a la cima de la montaña, hace demasiado frío ahí, tu cuerpo no lo aguantaría.

- Sé que puedo hacerlo, sé que puedo convertir a la cima de la montaña en mi hogar.

- Zorrito, lamento decepcionarte, pero no podrías, tu cuerpo moriría antes de llegar a la cima.

El zorrito se dio cuenta de que las palabras del muñeco de nieve eran verdad, ya podía sentir el agotamiento por la falta de comida y el agarrotamiento de su cuerpo por el frío. Comenzó a llorar sintiendo que todo el camino que había avanzado había sido en vano y volvió a sentir nostalgia por el valle y todo lo que ahí conoció. 

- Pensé que podría encontrar un nuevo hogar en la cima de la montaña, desde que era pequeño he amado a la nieve y su nívea blancura, cada día contemplé las montañas preguntándome cómo sería estar en su parte más alta. 

El zorrito siguió llorando, sintiéndose cada vez más desconsolado. 

- Hay algo que podemos hacer para que llegues a la cima de la montaña, pero... no, olvídalo, es una opción muy extrema.

- Dime que es, Muñeco de Nieve, he avanzado tanto en este camino que no me imagino cómo podría volver. 

- La única forma en la que puedas seguir avanzado es que te conviertas en un Zorrito de Nieve.

- ¿Un zorrito de nieve? ¿Estás hablando en serio?

- Sí, puedes ser de nieve cómo yo.

- ¡Sí! Quiero ser un zorrito de nieve, nunca pensé que podría ser de nieve, con lo mucho que me gusta ¡Wow! ¿Tú puedes ayudarme a ser un zorrito de nieve?

- Puedo hacerlo zorrito, sin embargo, hay algo que tienes que saber antes. Si te conviertes en un zorrito de nieve, podrás llegar a la cima de la montaña, y será tu hogar durante un tiempo, pero cuando la temporada fría pase, mucha de la nieve se derretirá, incluso en la cima de la montaña, y tú te derretirás también. Dejarás de existir y te convertirás en el agua que es parte de la montaña. 

- No me importa, Muñeco de Nieve, siento que tengo que vivir lo que mi corazón siempre ha deseado, quiero ser un zorrito de nieve para lograrlo. 

El muñeco de nieve utilizó su magia nívea para convertir al zorrito en un zorrito de nieve.

El zorrito saltaba de felicidad, ya no sentía frío ni hambre, sólo sentía en su corazón un pulso que latía junto con la montaña, se sentía distinto, pero ante todo se sentía profundamente feliz.

- Gracias Muñeco de Nieve, gracias por aparecer en mi camino y ayudarme a seguir los deseos de mi corazón. 

- Me alegra haberte ayudado, Zorrito de Nieve, ahora eres parte del corazón de la montaña. Sigue tu camino y recuerda que dentro de un tiempo te transformarás en una parte más de la montaña, yo también lo haré. 

El zorrito de nieve continúo andando, subía lleno de vitalidad y fuerza. 

Disfrutaba tanto de estar rodeado de nieve, saltaba en ella jugando y revolcándose alegremente. 

Un día llegó a la cima, no podía creer el hermoso firmamento que contemplaban sus ojos, desde ahí podía sentir las nubes acariciándolo y podía mirar un horizonte casi infinito. Pasó los días contemplando amaneceres y atardeceres como nunca los había imaginado, llenándose de los colores y tonalidades que sólo la luz y el frío podían formar al encontrarse. Por las noches contemplaba la luna, tan cercana y tan radiante. Sentía que su corazón latía con la plenitud de la existencia, había encontrado un nuevo hogar, el sapo tenía razón, ahí donde su corazón estuviera estaba su hogar. Y su corazón latía con fuerza, de su pecho emanaba un pulso unificado al latido de la montaña. 

Un día el zorrito se dio cuenta de que la nieve a su alrededor comenzaba a derretirse, lenta pero inaplazablemente. Sabía que esto pasaría así que no le preocupo, decidió que lo mejor que podía hacer era sentirse agradecido por la oportunidad que el muñeco de nieve le había dado, se sentía tan feliz de haber encontrado en la montaña un hogar, se dio cuenta de que la montaña le había dado un hogar no sólo en su cima, si no a cada pasó que recorrió subiéndola, en cada gota de agua, en cada porción de alimento, en cada animal con el que charló, ahí había estado su hogar. 

Pronto el derretimiento fue inminente. El zorrito sintió como comenzaba a perder fuerza y estabilidad, entonces caminó hacia su lugar favorito en la cima de la montaña y contempló por última vez la increíble vista, se quedó mirando, sintiendo como su cuerpo se derretía, la nieve que lo conformaba se transformaba suavemente en un agua fresca y pura. 

Sintió como el agua en que se estaba convirtiendo era abrazada y bienvenida por la roca y por la tierra, atravesándola, filtrándose en ella, llegando a las entrañas de la montaña. 

El zorrito de nieve tuvo noción de ser un manantial, aún podía percibir sus moléculas fluyendo junto a millones de moléculas más que estaban brotando desde las entrañas de la montaña formando ríos y cascadas que alimentaban la vida. La esencia del zorrito pudo percibir su cualidad de nutrición y humectación, percibió como la vida recibía al agua con alegría y agradecimiento. 

Antes de fundirse completamente con la esencia del agua, el zorrito reconoció el valle que durante tanto tiempo fue su hogar, sintió como las moléculas de agua que habían recorrido un largo camino desde la cima de la montaña llegaban al suelo del valle, hidratando la tierra cubierta por cenizas, encontrándose con las semillas que habían permanecido resguardadas en las capas profundas de suelo, las semillas se humectaban con el agua y se permitían abrir la coraza que las protegía, dejando salir el potencial de la vida. 

Un instante antes de fundir su esencia con la vida, el zorrito pudo sentir al valle renaciendo, alimentado por el agua fresca que bajaba de la montaña, se inundó con ese renacimiento y llegó a él el destello de la certeza: el hogar está donde tu corazón se encuentra. 

Y sintió el latido, pero ya no era el latido de su corazón o el de la montaña, era el latido de la vida.

Y el zorrito siguió siendo vida.

Tum, tum, tum. 


jueves, 26 de enero de 2017

Sentimiento Humano

Emociones que se emanan desde las zonas más profundas del Ser. Sentimientos que nos atraviesan sin haber sido originados por acciones presentes, tantas cosas que se han guardado en nosotros programando nuestras reacciones. Un caudal que se desborda, desbordándonos, sobrepasandonos, desequilibrandonos y dejando un vacío de pura confusión.

Confusión por lo que pensamos, confusión por lo que sentimos. Un akash que grita alertándonos porque recuerda. Tantos recuerdos que se reafirman tan lógicamente en la cotidianeidad.

Y a veces es tanto que nos apagamos si no es que gritamos. Un cansancio humano que nace desde las heridas del alma, un alma que sabe poder hacerlo distinto, pero el humano recuerda algo que no sabe qué es, mientras siente algo que no sabe qué es... y se sienta, estancado sobre todo aquello que brota a borbotones.

Simplemente se sienta, pues no puede hacer nada más que sentir, tratar de entender alimentaría la confusión del vacío... Y entonces, nos queda sentir. Sentir lo que sea que estamos sintiendo.

Sentir lo que sea que estamos sintiendo...

Abrazar el sentimiento, amarnos y cobijarnos bajo las sombras que nos rodean, hasta que podamos abrazarlas.

Amando lo que nunca hemos amado, reconociendo lo no reconocido. No con la mente ni con el pensamiento, si no con el corazón y el sentimiento.

Honrando nuestro sentimiento humano.

viernes, 6 de noviembre de 2015

La Persistencia de La Memoria

A través del tiempo y los eones la Memoria ha persistido como uno de los atributos humanos más inherentes a pesar de que ya nadie recuerda su origen.

En el principio de los tiempos los humanos no recordaban, apenas y eran campos electromagnéticos capaces de respirar y comer aferrándose a una materia física a cada instante, nuevas y experimentales creaciones en la recién formada Tierra que tenían por imposible el recordar quiénes eran y de dónde habían venido.

Los Creadores de la Forma en ese entonces buscaban anclar una manifestación distinta a toda la energía que había en el Universo Alineado y estaban tan preocupados por dotar a los humanos de un cuerpo físico capaz de soportar la sutileza de los estados lumínicos más sublimes tanto como la densidad de la materia más inestable, que olvidaban que la naturaleza cíclica del Todo formaba la Eternidad a través de los Recuerdos en el Tiempo almacenados en la Gran Memoria Universal. Era pues una Ley Universal que todo ser existente tenía que ser dotado de un puerto de conexión con la Gran Memoria para así recordar, consciente o inconscientemente.

Fue durante una sesión con la Consciencia Colectiva Universal cuando los Creadores de la Forma comenzaron a recordar aquello tan básico que ellos mismos habían olvidado. Se encontraban jugueteando con la densidad de la materia a través de las distintas manifestaciones de consciencia cuando sobrepasaron los límites del tiempo presente y se fundieron en el viscoso oleaje de los Recuerdos del Todo.

Sus consciencias fueron llevadas suavemente por el Mar de la Memoria mientras la Forma se desvanecía lentamente.

El Tiempo se ensanchaba y se dilataba, la Materia se extendía y se distendía rítmicamente, la Consciencia se expandía hasta palpar los archivos almacenados en las bodegas más antiguas de la Existencia.

Moviéndose a través de este lugar se encontraron con La Persistencia de La Memoria, una imagen flotando en un vacío peculiar, una imagen de símbolos sin forma lineal, un mar de tiempo sin tiempo mojando las puertas de la percepción, una percepción que se guarda en la Memoria.

Fue entonces que los Creadores de la Forma recordaron su propio proceso de Creación y supieron lo que tenían que hacer con los humanos. Así la materia física humana quedó dotada de un puente a la Memoria de Todo lo que Es.


Algún día, a través del tiempo y los eones, los humanos serán ellos mismos Creadores de la Forma que tendrán que viajar hasta los confines de su propia creación para recordar cómo dar Vida y Memoria a nuevas formas de existencia. 



sábado, 17 de octubre de 2015

Despertar entre sueños y seguir soñando


I
El silencio se escuchaba absoluto.

Un instante atrás había abierto los ojos, mis retinas se tomaron varios segundos para integrar la luz que llegaba desde el exterior. Parpadeé un par de veces.

Fondo blanco. Silencio absoluto.

Sólo mis párpados se movían.

Fondo blanco. Silencio absoluto.


II
Desperté. Me había quedado dormido intentando mover algún músculo, en el intento había recordado.

Estaba entregando el pedido de Ms. Rose, era un día ajetreado y con mucho trabajo. Después de entregarlo tendría que regresar y entregar muchos más y ¡Ah! Un sonido sordo inundó mi atmósfera, gritos, movimientos, rostros sorprendidos, miradas desencajadas, un dolor expansivo.

Fondo negro. Vacío absoluto.

Sin embargo ahora no sentía nada, no sentía nada quizá porque tampoco podía moverme, lo que no entendía era por qué no había venido nadie aún. Una enfermera, un doctor, el personal de limpieza. Carry, ¿Dónde estará Carry? ¿Cuánto le habrá afectado la noticia?

¿Cuánto tiempo habría pasado ya desde el accidente?

Vamos. Ya. Qué venga alguien ¿Dónde están todos?


III
Comencé a sentir la cabeza cuando comenzó a dolerme, luego el dolor se extendió a mi cuello, mi espalda, mis nalgas, mis tobillos ¿Cuánto tiempo llevare aquí recostado?

¿Cuánto tiempo habrá pasado desde el accidente? ¿Dónde está Carry? ¿Dónde están todos?

¡Doctor! ¡Doctor! ¡Doctor!

Silencio absoluto.


IV
Otra vez me había quedado dormido. El dolor me había adormecido lentamente.

Abrí los ojos que me ardían, si tan sólo pudiera tallármelos.

¿Qué fue eso? ¡Sí! ¡Acabo de sentirlo! ¡Moví un dedo! Estoy seguro de que pude hacerlo.


V
Horas. Eternidad.

Silencio absoluto.

¿Dónde están todos? ¿Cuándo es que va a venir alguien?


VI
Había logrado mover la mano entera. Toda la mano derecha ahora tenía movimiento. Los músculos me dolían, los tendones me ardían, pero pronto, muy pronto podría mover el brazo entero y después, tal vez, voltearme.

Entonces quizá llegaría alguien.


VII
¿Hace cuántos días habré despertado? El tiempo pasa incomprensiblemente, lo que no entiendo es dónde están todos. ¿Será que sólo han pasado unos minutos?

Quizá estoy en coma.

¿Estaré muerto?

Silencio absoluto.


VIII
Ya podía mover todo el lado derecho del cuerpo.

Fue un gran logro cuando llegué a mover el dedo grande del pie, ¡Qué sensación! El movimiento, la sangre circulando llena de vida, el palpitar de las arterias. Pronto podré estar de pie. Recuerdo cuando Carry me llevaba a comprar zapatos nuevos, siempre me oponía pues amaba estar descalzo, la primera vez que caminé por el pasto sonreí alegremente. ¿Dónde está Carry? ¿A dónde se han ido todos?


IX
Tiempo sin tiempo es la eternidad. Si tan sólo viniera alguien podría decirle que ya puedo mover toda la parte superior y derecha del cuerpo.


X
Nadie.

Silencio absoluto.


XI
Mis brazos han logrado levantarme y puedo mirar alrededor.

Una habitación larga y grande, hileras de camas en todas direcciones, ni una sola ventana. Tendré que esperar a mover la cadera y caminar. Caminar, en una sinapsis el cerebro impulsando músculos a moverse, una pierna tras otra, las rodillas flexionándose, cientos de miles de células y tejidos accionando. Caminar. Pronto podré levantarme.

¿Por qué no hay nadie más en la habitación? ¿Por qué no ha llegado nadie?

¿Acaso es que el tiempo no existe?


XII
Despertar entre sueños y seguir soñando.

¡Puedo moverlo! ¡El pie izquierdo! ¡Se movió! ¡Lo he sentido!

Caminar. Salir de aquí. Un paso tras otro. Ir a buscarlos a todos. A Carry.


XIII
Vamos músculos, vamos.

¡Sí! Los dedos se mueven, siento el tobillo, los músculos se contraen para flexionar la rodilla, ¡Sí! Lo estoy haciendo, ¡Puedo flexionar la pierna! ¡Puedo flexionar ambas piernas!

La cadera, ahora hay que coordinar con la cadera, y la columna, ¡Sí! En un salto estoy de pie ¡Sí! ¡Lo hice!


XIV
Silencio absoluto.

Estoy sobre el suelo, todo mi cuerpo arde frenéticamente. Logré moverme, logré caminar, ahora sólo necesito hacerlo nuevamente y llegar a aquella puerta.

Mis nervios tiemblan, mi piel vibra con cada gota de sudor que la recorre.

Caminar y descubrir por qué no ha venido nadie. Caminar y buscar a Carry.


XV
Despierto nuevamente sobre el suelo. Aún mi cuerpo arde. El dolor es tan fuerte que se ha ido con el tiempo, con todos. ¿Por qué se fueron sin mí? ¿Por qué no hay tiempo? ¿Por qué no hay nadie?

Quizá con mis brazos pueda arrastrarme y llegar a aquella puerta ¿Es posible que se hayan olvidado de mí?

Quizá cuando abra la puerta vendrán corriendo doctores y enfermeras a atenderme. Y Carry. Carry seguramente correrá con todos ellos a abrazarme.


XVI
La habitación es tan larga que parece que no me he movido nada. Continúo sin ponerme en pie pero mis brazos han logrado arrastrarme lo suficiente para continuar ignorando el dolor incesante en todo mi cuerpo. Ya no tiembla, ya no suda, sólo es el dolor y el no-tiempo. No-nada. No nadie. ¿Carry, dónde estás?


XVII
¡No puedo creerlo! ¡Estoy a centímetros de la puerta! ¡Casi lo he logrado!


XVIII
El dolor ciega mi vista mientras mi mano se extiende desesperada hacia la puerta, mis dedos se estiran buscando tocarla, sentirla. ¡Sólo un poco más! La puerta. Aquí está. Puedo sentirla, puedo olerla.

Suspiro.

Mi cuerpo se siente como si en un suspiro más se fuera nuestro último aliento.


XIX
El último aliento se encuentra en la cerradura de esta fría puerta. Si mis manos al girarla lograran abrirla todo podría comenzar de nuevo tras cruzarla… si no, vaya, si no lograra abrirla se escapa mi último aliento.

Si no logro abrirla no sabré donde están todos, dónde está Carry.

Mi cuerpo comienza a temblar de nuevo, mis manos sudorosas se alzan hacia la cerradura, la sienten, la toman, la giran.


XX
Silencio absoluto.

Tiempo sin tiempo.

Todo se extingue.

Y vuelve a comenzar.


FIN.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Caminantes

Hace tiempo ya que dejaste atrás aquella gran bifurcación, sí, aquella que tanto te detuvo, hace tanto tiempo que casi la habías olvidado por completo, pero ahora te encuentras de nuevo decidiendo. Un nuevo desafío llegó, uno de esos que tienen grandes implicaciones, lo miras de reojo preguntándote cómo vas a  atravesarlo pues es imposible saber lo que vendrá, el efecto que tendrá. La única certeza es que el todo se transforma en un acto tan sutil que recae en la profundidad.

Cuando lo miras desde cerca y descubres que es más grande, mucho más grande de lo que antes pareció y te acercas vislumbrando cada vez más su inmensidad, con cada vibración invocas la confianza, enciendes la valentía, no haces más que caminar, no haces nada por dejar de avanzar.

Has olvidado lo que es darse la vuelta y volver atrás, solamente puedes avanzar y avanzar y avanzar sin siquiera preguntar que es lo que oculta ese rayo solar que te ciega por un instante tan largo que parece una eternidad. Cegada por la luz, una luz a la que no estabas acostumbrada, una luz que ha cerrado casi por completo tus pupilas… “Espero que mis ojos se adapten pronto al resplandor, espero que el camino me muestre pronto hacia donde es que estoy yendo”.

Te detienes por un momento recordando el camino recorrido, andando por los mismos pasos que quedaron grabados en la memoria, “sí, recuerdo esa cuesta empinada donde tuve que usar mis brazos y mis piernas para sostenerme, ahí donde invoque todo el poder que Yo Soy para seguir avanzando. También recuerdo mis pies sobre la arena descansando, mi piel refrescada por el agua salada, mis oídos respirando el sonido de las olas. No podría olvidar aquél pasto brillante, la mente reposando en una tina de satisfacción, mis músculos uniéndose a la vibración colectiva y mis ojos clavados, casi fusionados con los ojos que estaban mirando. Sí, por supuesto que también recuerdo cuando el camino estuvo tan oscuro que no podía ver un paso delante de mí, sí, recuerdo y casi puedo volver a sentir el miedo y el dolor de encontrarme sola y pérdida, tampoco olvidaré aquella luz que siempre estuvo brillando y que pude ver hasta que levante mi cara tan alto que el esfuerzo me hizo caer, pero no importó, porque había mirado esa luz”.

¡Vaya! Sí que hemos recorrido un largo camino, lleno de experiencias tan variadas “¡Wow! Recuerdo esa cascada inmensa, en medio de una selva tan abundante y húmeda que parecía que podía contener toda la vida que pudiera existir, sí, el eco de su fuerza mojando mi piel, su reverberación mezclándose con mis lágrimas, oh, aquellas lágrimas de infinita felicidad”.

Sentada sobre una roca sientes el deseo de añorar, sin embargo, tu vista regresa al camino y te recuerda que esto apenas acaba de empezar y que allá, a donde habremos de llegar, aquél lugar donde se encuentra lo desconocido encontraremos el mayor regalo que Universo nos puede dar.

“Sí, lo sé, esto acaba de empezar, así que más vale irse acostumbrando a esa luz tan radiante y continuar el andar. Sí, habremos de continuar, así como la espiral ascendente continúa, y yo continúo subiendo, aunque en ocasiones mire hacia atrás y me diga ¡Mira, pero qué alto hemos llegado! Y el vértigo me dé la sensación de querer bajar, sin embargo, nada ganaría al bajar pues por este mismo o por un camino diferente mis pies volverían a andar”.

Parece que lo estás entendiendo, hay cosas que no se pueden detener, no podemos cambiar el camino, no podemos voltear la dirección, sólo podemos prepararnos, movernos para esquivar una roca, detenernos a respirar, apresurar el andar, encender una fogata y descansar. El camino está ahí, como siempre ha estado, somos nosotros quienes tenemos el poder de transformar la experiencia de andarlo.

Caminantes compartiendo dimensiones, caminantes transformando partículas, caminantes co-creando recuerdos de una vida tan lejana que a veces nos parece olvidar, caminantes, sí, los que caminamos a través de la eternidad formando la grandiosa sinfonía con cada paso al andar.

lunes, 22 de agosto de 2011

Zozobras del corazón

Me gusta recordar a través de las imágenes, me gusta volver a vivir, recordar para sentir. Observo el paso de los años, me observo en las fotografías para tratar de entenderme. Lo mejor de la vida es verla en retrospectiva.


Hablo con aquella persona impulsiva, y le pregunto -¿Qué es lo que te ha pasado?-. La respuesta es extensa, y al final no tengo nada que reclamarle, hemos vivido, y eso lo justifica todo. Desde algún lugar lejano me pregunta -¿Qué es lo que te ha pasado?-. Miro hacia algún punto fijo y me pierdo en los recuerdos, por respuesta escurre una lágrima por mi mejilla y luego otra y una más, las palabras no podrían explicarlo. Y vuelvo a escuchar su voz -¿Qué es lo que te ha pasado?-.


¿Cómo transmitir el tiempo? Quiero gritarle que fue su impulsividad la que me ha dejado así, no lo entendería. Le cuento todo lo que hemos perdido y todo lo que eso nos dejó. Siento su impotencia cuando me pide que sane, porque sabemos que quizá no podré hacerlo. Le hablo sobre lo irreparable, sobre el dolor verdadero, le platico de aquello que se siente solo una vez, me dice que eso es simplemente imposible, no acepta la incapacidad de amar, para ella fue tan fácil entregarlo todo.


La tomo de la mano y la llevo a este tiempo y este espacio para que entienda lo que ahora somos, y lo hace. Veo en sus ojos el arrepentimiento, ahora sabe que tan importante es aquello que regalo sin pensarlo.


Ahora sabemos que debimos guardarlo con mayor recelo.


Después de un rato sin decirnos nada, rompe el silencio con otra pregunta -¿Qué es lo que harás?-. Esta vez las lágrimas no son una respuesta, simplemente no puedo contenerlas. No sé cómo recuperar un sentimiento.

sábado, 6 de agosto de 2011

Las distorsiones del tiempo

Construyo en mi mente las cosas que se han ido. No sé que están ahí hasta que las reconozco en sueños, camino por las habitaciones del lugar donde crecí, recorro sus pasillos y me asusto con sus sombras. Si, todo es sombrío, lejano. Me cuesta mantener la claridad en el recuerdo, quiere esfumarse, los detalles se esconden en lugares cada vez más inaccesibles y amenazan con perderse, la oscuridad gana terreno, sin embargo, he logrado ver a través de ella. Y es entonces cuando despierto deseando no volver a soñar. Siempre vuelvo a hacerlo.

Es como ver a través del humo. 
Sueño con recorrer el camino en la dirección opuesta hasta perderlo, para detenerme a existir. Ver formas y colores sin nombre, sin significado. Entender sin conocer el entendimiento. Encontrar la soledad para extrañar la compañía, recorrer los confines de la percepción y olvidar lo que soy, para ser algo distinto.