Mudarse es no tener nada. Tan sólo unas cajas con un montón de cosas envueltas en periódico, terminas olvidando que hay en cada caja y dejas de imaginar como se verán al desenvolverlas.
Estoy viendo mi habitación por última vez, a partir de hoy ya no será la misma y en unas semanas serán unas cuantas cajas apiladas en la puerta de lo que solía ser mi casa, y con Moira bajo el brazo cerraré por última vez esa puerta.
Y así la vida como la conocía habrá terminado.
Empezaré empacando mis libros, supongo que por instantes recordaré la primera vez que leí alguno de ellos, la mayoría fue en algún lugar de esta casa o su patio, mientras ese limonero y yo crecíamos juntos.
Mi padre debio haberlo plantado cuando yo tenía 2 o 3 años, era una rama frágil con unas cuantas hojas. Cada fin de semana mientras lo regaba, mi padre medía nuestra altura, en muchas ocasiones ese limonero y yo estábamos al parejo, pero de un momento a otro, cuando yo tenía no más de 9 años me rebasó y ya jamás logré alcanzarlo.
Esas son cosas que no caben en cajas. Son cosas que se dejan, que quedan atrás, para siempre. Recuerdos hasta que la memoria falle.
enjugando viejos pensamientos despues de leer esto¡¡tea quiero
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